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Se invita al público a detenerse y escuchar, ya sea a solas o en compañía de otros. Por primera vez, kurimanzutto presenta un proyecto de manera simultánea en sus galerías de Ciudad de México y Nueva York. El artista y compositor Tarek Atoui comparte una selección de música árabe clásica reunida a lo largo de más de dos décadas de viajes, de escuchar y coleccionar. Atoui presenta esta selección como lo haría un melómano que comparte sus discos, guiado por la curiosidad, la fascinación y la certeza de que otros encontrarán en ellos algo que valga la pena ser escuchado. En un mundo cada vez más fragmentado, atravesado por múltiples formas de ruido, la galería ofrece un lugar donde el acto de escuchar puede convertirse también en una forma de diálogo; un diálogo con nosotros mismos y con la historia inscrita en estas grabaciones. Una manera de encontrar, en el sonido, aquello que nos conecta y que quizás se ha vuelto más difícil de percibir.

En árabe, tarab se refiere a un estado emocional intensificado que la música puede producir en el oyente, una experiencia al borde de un trance. El término también se asocia con la tradición musical que floreció en Egipto, Siria, Líbano y Palestina durante la Nahda, el renacimiento cultural árabe de finales del siglo XIX y principios del XX. El desarrollo de este repertorio coincidió con el surgimiento de las tecnologías de grabación sonora, la creación de sellos discográficos y, más tarde, la radio: cambios que transformaron profundamente la manera en que esta música era escuchada y transmitida.

Durante mucho tiempo, la música árabe clásica fue interpretada en salones, teatros y patios —sin privilegiar la autoría ni una versión única y fija de los temas—, pero a principios del siglo XX, comenzó a circular en grabaciones de distintos formatos. Con la disolución del Imperio Otomano, diversas comunidades del Mediterráneo oriental se trasladaron a América, llevando consigo esta tradición. La diáspora echó raíces en Estados Unidos, México y a lo largo de América Latina. En ciudades como Nueva York, se establecieron sellos discográficos de música árabe que influenciaron  géneros musicales locales. Junto con las grabaciones viajó una cultura para la cual la música es un lugar de encuentro y de memoria colectiva preservada en el sonido.

Las grabaciones que se escuchan aquí, pertenecientes a la primera mitad del siglo XX, ofrecen una aproximación a una tradición musical mucho más amplia. El tarab es, en esencia, un legado oral: un repertorio que se transforma a través de la improvisación alrededor de las melodías y estructuras modales que comparten e intercambian los músicos, adaptándolas a nuevos contextos. Su fuerza reside precisamente en esa resistencia a la rigidez, que refleja algo más profundo sobre la cultura de la que surgió.

La música árabe clásica habla de conexiones y puentes a menudo olvidados, un espacio de diálogo que trascendió fronteras religiosas y lingüísticas. Es testimonio de una historia de migración que atraviesa el Medio Oriente y alcanza otros continentes. En su versatilidad, resiliencia y capacidad de contener muchas voces a la vez, esta música sigue siendo un registro vivo de esas complejidades históricas. Abarcando diversas geografías y generaciones, la selección de grabaciones de Atoui evoca la diáspora árabe y la cultura de la escucha que ha nutrido a esta tradición durante tanto tiempo. Nos recuerda la posibilidad de volver a tender esos puentes, y de asumir la tarea —continua y necesaria— de escucharnos unos a otros a pesar de la distancia.