La segunda exposición de Leonor Antunes en kurimanzutto, Ciudad de México, presenta nueva obra basada en el trabajo y la exploración material que la artista portuguesa ha desarrollado a lo largo de los últimos años.
Antunes es conocida por su interés en la vida y el trabajo de artistas y diseñadoras de la posguerra que en su mayoría han quedado fuera del canon y que sirven como punto de partida para su práctica escultórica. Aunque el resultado de sus piezas pueda parecer distante de esas referencias, Antunes mantiene una continuidad visual, conceptual y estética que reconfigura el espacio de exhibición e invita al espectador a adentrarse en los ambientes que crea.
Para esta muestra, Antunes trabajó con diseños, objetos y dibujos preparatorios de Charlotte Perriand (1903–1999), Léna Bergner (1906–1981), Anni Albers (1899–1994), y Trude Guermonprez (1910–1976). Estas creadoras desempeñaron un papel fundamental en las transformaciones del arte y el diseño del siglo XX, colaborando con instituciones como la Bauhaus, la Wiener Werkstätte, el Black Mountain College y el California College of Arts and Crafts, entre otras.
Al entrar en la galería, la obra del piso transforma de inmediato la experiencia del espacio. El patrón geométrico del piso fue adaptado por Antunes a partir de un diseño textil de Léna Bergner, una diseñadora alemana que pasó una década enseñando y produciendo obra en la Ciudad de México durante los años cuarenta, a través del Taller de Gráfica Popular. Aquí, ese diseño se reimagina como un sistema modular que funciona a la vez como retícula del suelo y como estructura para las lámparas de aluminio anodizado suspendidas del techo.
A mediados de los años cuarenta, Charlotte Perriand viajó a Japón como consultora de diseño para el gobierno japonés, donde trabajó de cerca con artesanos locales y colaboró en la creación de objetos pensados para dialogar con las sensibilidades estéticas europeas. A lo largo de sus visitas desarrolló muebles, interiores y elementos arquitectónicos que traducían formas y filosofías japonesas en expresiones modernistas modulares. Para esta exposición, Antunes retoma la retícula y los ritmos de los sistemas de repisas que Perriand diseñó tras visitar la Villa Katsura en Kioto, transformándolos en esculturas hechas de teca y cuero teñido que también cuelgan del techo.
En el muro izquierdo de la galería se despliegan nuevos ejemplares de la serie de esculturas de celosía en latón, creadas por Antunes a partir de los patrones de Léna Vergnes, Trude Guermonprez y Anni Albers. Estas artistas no solo comparten afinidades formales y trayectorias pedagógicas, sino también una relación profunda con la cultura mexicana y sus tradiciones artesanales. Tanto Albers como Bergner trabajaron extensamente en México junto a comunidades de artesanos, mientras que Guermonprez sustituyó a Albers por un tiempo en el departamento de textiles del Black Mountain College, fortaleciendo la relación profesional que habían establecido. Aquí, Antunes introduce nuevas iteraciones de las esculturas de celosía en latón, incorporando ahora cuerdas tejidas con cuentas de vidrio.
En conjunto, las obras de esta exposición trazan una red de relaciones materiales, históricas y espaciales que conectan distintas geografías y generaciones. A través de gestos delicados de traducción y transformación, Antunes construye un entorno que honra a estas figuras pioneras y, al mismo tiempo, afirma su propio lenguaje escultórico. La instalación invita al espectador a recorrer el espacio con una atención renovada a la estructura, el ritmo y las historias, a menudo invisibles, inscritas en el diseño moderno.