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prensa | tarek atoui’s echo chamber

Desde instrumentos experimentales hasta la acústica arquitectónica, el artista libanés explora cómo la escucha puede alterar nuestra experiencia de los cuerpos, los espacios y los entornos

El artista sonoro y compositor electroacústico Tarek Atoui me guía a través de una puerta de madera sin letrero situada en una callejuela parisina, bajando por una escalera lúgubre hasta su estudio en el sótano. Con sus enormes paredes de piedra caliza, sus techos abovedados y sus ventanas abatibles, este espacio hundido se asemeja a una mezcla entre la celda de Edmond Dantès en El conde de Montecristo (1846) y una innovadora tienda de música.

Un enorme tambor circular, tubos de bambú, trompas de latón, gongs metálicos, un violín de doble mástil y dispositivos eléctricos cuelgan de diversas formas del techo y están ordenados cuidadosamente en el suelo. Se trata de una metáfora muy acertada de la práctica artística de Atoui en su conjunto: un laboratorio sonoro en el que se reúnen diferentes materiales, instrumentos, procesos digitales y personas en conjuntos efímeros.

Durante los últimos meses, Atoui ha estado desarrollando su obra más ambiciosa hasta la fecha: el encargo de Hyundai para la Turbine Hall de la Tate Modern, cuya inauguración está prevista para este mes de octubre. Se trata de un reto abrumador para cualquier artista, pero encierra un gran potencial acústico. Como sabe cualquiera que la haya visitado, la enorme sala de acero y hormigón —con un techo que se eleva 35 metros por encima de las cabezas— envuelve a los visitantes en un mar de ecos y reverberaciones. El sonido ha sido un elemento central en otras obras producidas para la serie (la pieza de Bruce Nauman de 2004, Raw Materials, en la que se amplificaban, a lo largo de la sala, textos recitados, cantados, murmurados y gritados de diversas formas, es un ejemplo notable), pero Atoui es el primer artista sonoro y compositor que se ha atrevido con este reto.

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