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damián ortega, jornada laboral, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2021

damián ortega, jornada laboral, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2021

jornada laboral

Damián Ortega presenta Jornada laboral en Siembra 20, un conjunto de obra que resultó del continuo ejercicio de autoobservación que significó el confinamiento para él. Esta pausa condujo al artista a replegarse a reconsiderar los modos de producción de obra y a buscar soluciones que le permitieran prescindir de tecnología mecánica y trabajar más desde el entorno doméstico que en el taller. En esta búsqueda, que derivó en un juego introspectivo y catártico a través del trabajo manual y la autorepresentación, comenzó a utilizar materiales residuales y objetos de uso diario. Confeccionó un cuerpo de obra lúdica, enérgica e intrigante en el que se mezclan técnicas tradicionales o manuales con elementos orgánicos y representaciones animales. 

A lo largo de tres muros se extiende una serie de obras bordadas sobre tela en las que el artista reproduce las portadas del periódico La Jornada. Para Ortega, bordar es una actividad íntima, cotidiana y silenciosa, en la que el movimiento mecánico de las manos genera una estrecha relación entre lo digital, o lo manual, y el transcurso tiempo. Juega con el bordado como registro gráfico de una jornada de labor, a la vez que fija y subraya un suceso concreto del día en que se creó. Con esta serie explora un medio que combina el relieve con el dibujo e incursiona en la representación figurativa. A través del proceso de apropiarse de un suceso, traspasar la tela y traducir en ella una imagen de manera caprichosa pero a la vez metódica, Damián Ortega genera registros materiales que, puestos uno a un lado del otro, crean una nueva narrativa visual y táctil sobre los eventos representados en el periódico. Asimismo, aborda una preocupación personal por la omnipresencia de las noticias en la vida cotidiana acentuada en 2020.

En paralelo, Damián presenta una serie de personajes hechos a partir de retazos de tela y cuero, elementos orgánicos, materiales descartados y objetos cotidianos, que materializan temores, conflictos o perversiones que salieron a la superficie durante este periodo de autoobservación. La bidimensionalidad, delicadeza y metodicidad de los bordados contrasta con la expresividad y elocuencia de esta serie de máscaras o esculturas zoomorfas cuya naturaleza es inocente y juguetona, pero a la vez monstruosa y sombría. 

Este cuerpo de obra es resultado de una investigación con textiles que Ortega ha llevado a cabo desde hace muchos años, así como de la curiosidad del artista por la tensión que se genera entre las nociones de lo natural y lo cultural al manipular el material. Apunta además a las dinámicas de consumo y deshecho que están implicadas en la producción de arte y plantea una ecología del arte en la que el proceso no acaba con la obra, sino que los residuos continúan imponiéndose sobre procesos de creación posteriores.

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